jueves, 28 de febrero de 2002

"Dura cosa te es dar coces contra el aguijón" Hch. 9

Nadie de su época se hubiera atrevido a compararse o desafiar su autoridad en asuntos de la ley. Este hombre había crecido junto a Gamaliel, una eminencia en esas cuestiones. Aun él mismo, años mas tarde, se autodefine como "en cuanto a la justicia que es por la ley, irreprensible". Por consiguiente, esto lo ubicaba muy alto entre sus compatriotas. Cualquiera con una conciencia un tanto nomás sensible, se daría cuenta que le sería muy duro poder decirde si mismo "irreprensible", por lo cual, nadie se atrevía contra este hombre.
Saulo, judío pero también ciudadano romano. Un hombre acostumbrado a tratar con reyes y altas autoridades. Instruído en letras, en resumen, un hombre brillante. No le asustaba la sabiduría de los griegos, el poderío de Roma ni la rigurosidad del fariseísmo porque tales cosas, eran moneda corriente en su vida.

Un día Saulo se dirigía a Damasco con cartas especiales de los sumos sacerdotes para perseguir y exterminar a este pequeño grupo llamado "los del Camino" o "la secta de los nazarenos" y tantos otros nombres que se les daría entonces a los discípulos de Jesús. Ese día ocurrió algo inesperado que partió la historia de su vida en dos. El temerario Saulo entendió que no podía contra el aguijón y se rindió.

Pero ¿cómo comenzó todo?. Vamos a repasar la historia de Saulo y uno de sus aguijones. Tras el martirio de Esteban, dicen las escrituras que sus ropas fueron puestas a los pies de "un joven llamado Saulo", el cual consentía en su muerte y quien luego encabezara la primer gran persecución que la recien nacida Iglesia tuvo que sufrir. Por alguna razón, creyó su deber destruir y desarraigar a ese nuevo grupo y recorrió muchas ciudades y regiones afanado en esa labor.
Jesús anticipó a sus discípulos que cuando sean llevados ante los magistrados, el Espíritu Santo les daría palabras que no se podrían contradecir. Saulo llevó a muchos ante los magistrados, oyó todas sus defensas pero el punto culminante fue el oir la punzante e irrefutable predicación de Esteban. Saulo oyó muchas veces al Espíritu de Dios hablar por boca de los cristianos. El aguijón se enterraba en su carne mas profundamente y Saulo necesitaba deshacerse de él. Sus coces (o patadas) se tradujeron en la mas dura y encarnizada persecución contra los santos, necesitaba destruir aquello que encendía una luz en su conciencia, aquellas voces que le evidenciaban en su interior que era vana su autojustificación y que necesitaba una justicia superior, y que el único que podía proporcionarla era justamente Aquel a quien él perseguía, Aquel cuyo Nombre se había propuesto arrancar de toda boca humana para asegurarse de no volver a oírlo. ¡Que terrible aguijón! Cuanto mas daba coces, mas se lo clavaba en su conciencia, cuanto mas quería callar esa voz, mas evidente se le hacía. Y esta lucha acabó cuando a punto de consagrarse y escalar en su carrera de fariseo, una luz lo envolvió y justamente eso le dijo: "Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?, dura cosa te es dar coces contra el aguijón" (Hch. 9: ). Y el preguntó aunque sabía la respuesta, "¿quien eres, Señor?" y oyó lo que sabía que oiría: "Yo soy Jesús, a quien tu persigues". Como sabemos, Saulo de Tarso llegó a ser el Apóstol Pablo, enviado a los gentiles y quien entendió cuanto es necesario padecer por El Nombre de Jesús. Pablo es autor de la mayor cantidad de libros del NT. En pocos años llevó el evangelio a casi todo el mundo de su tiempo. Su amor por Jesús lo consumía y asimismo el dolor causado por el daño que los "enemigos de la cruz" causaban a los creyentes. Llevado al tercer cielo, instrumento para llevar el evangelio a reyes y grandes de la época. Todo esto y mucho más llegó a ser aquel cruel verdugo de los primeros discípulos, tras encontrarse con Jesús.

Usualmente creemos que una manifestación de esa magnitud es irresistible y que ante una revelación así, "¿quien no se va a convertir?", pero la realidad es que Saulo tuvo que decidir por Jesucristo y además perseverar hasta el fin para obtener la corona de la vida eterna.
Testificando acerca de su conversión, dijo: "y no fui rebelde a la visión celestial" (Hch. 23: ) Al finalizar su carrera pablo dijo: "he peleado la buena batalla, he guardado la fe" (2 Tim. 4: ). Sus fuerzas flaquearon mas de una vez, la carga lo abrumó aun mas allá de sus fuerzas, continuamente fue intimado sutilmente a negar a su Salvador, fue azotado, vituperado y con todas estas cosas, el diablo lo "invitaba" a volver atrás. En 1 Corintios reconoció la posibilidad de que aun él mismo podría quedar eliminado.

Antes de su conversión, Pablo tuvo el aguijón en su conciencia pero por el momento no había decidido obedecer su llamado. Recordemos que el oyó al Espíritu Santo en cada defensa de los discípulos que encarcelaba o martirizaba pero Saulo eligió crujir sus dientes contra el mensaje.
Camino a Damasco, Pablo no fue rebelde a la visión celestial. Pudo haberlo hecho. Las experiencias nunca dejan al márgen nuestras decisiones personales. Con mayor o menor revelación, cada uno de nosotros somos puestos ante la decisión de arrebatar el reino o perderlo. Los fariseos que vieron los milagros y al mismo Señor cara a cara, no obedecieron al llamado. Los centuriones, y aun el mismo Judas Iscariote, retrocedieron y cayeron a tierra al oir de Jesús "Yo soy", pero después de eso, lo arrestaron para hacer de él, todo lo que hicieron.
Obedece hoy el llamado celestial. No importa cuántas experiencias hayas tenido o si no las has tenido. Si sientes un aguijón clavándose en tu costado, no des mas coces contra él, no intentes destruir la voz de Dios en tu conciencia. Arrepiéntete y obedece al evangelio. Recibe a Jesucristo como tu Salvador hoy mismo. Dile como Saulo: "Señor, ¿qué quieres que yo haga?".
Dios te bendiga

7 comentarios:

JM dijo...

Muy bueno el estudio. la verdad las personas no cambian hasta que se encuentren con Cristo como le sucedio a Saulo, pero despues de ese encuentro hay que decidir, si seguir dando patadas al aire o escuchar a Dios. gracias, saludos desde colombia.

Andres dijo...

Es bueno ser ignorante, es la única forma de poder aprender lo que se desconoce. Buscaba en mi diccionario el significado de la palabra COCES (patada), esta no aparece en el mismo de modo que la busqué en Google y me encontré con la historia de Saulo camino a Damasco encontrándose con mi amigo Jesús El Cristo. Cuando se aprende de esta forma jamás se olvida. Gracias Jesús
Andres

Myriam Franco dijo...

Gracias Iván por este texto sobre el apóstol Pablo.
Hoy 13 de julio del 2011 es bendición para mí.
Me sirve de material para el programa de evangelización que hago desde una radio no religiosa en mi ciudad.
Bendiciones
Myriam
Discípula de Cristo
Programa En Verdad te digo
www.fmwilde.com
- Argentina.

Anónimo dijo...

EL IGNORANTE IGNORANTE SE QUEDA,PORQUE LE DA PENA PREGUNTAR Y EL SABIO SABIO ES PORQUE INVESTIGA,INDAGA,PREGUNTA.DIOS LE BENDIGA POR AUXILIARME.

dario farias dijo...

vivo en monte grande argentina y me parece bueno seguir aprendiendo mas de la palabra,bendiciones

Anónimo dijo...

Hola, yo creo que lo sacaste un poco de su contexto, en realidad dudo mucho que a Pablo se le encajaba cada vez mas ese aguijon, en realidad ese era un dicho de la epoca, y se refiere a objetos pinchos como con los que acicalaban a animales de carga, y sí, cuando pateaban o cosas de esas pues se les encajaba y les dolía. en 1 Ti 1:13 Pablo mensiona que lo hacía por ignorancia, dudo que en ese tiempo antes de su conversón su conciencia lo acusará.
Además no creo que sea el centro del mensaje de Pablo al predicar el evangelio y menos que sea algo que todos debemos pasar.
bendiciones.

Anónimo dijo...

Exelente resumen de la conversion de Saulo, buen material de estudio para compartir