jueves, 26 de septiembre de 2002

Penina hace falta

Acerca del uso de los vasos viles
En 1 Samuel cap. 1 se ven dos mujeres en una misma casa y bajo un mismo esposo. Penina se burlaba de Ana, quien estaba impedida de hijos, porque Dios no se lo había concedido.
Esto la lleva a orar a Dios en total angustia de alma pidiendo ese hijo que le faltaba, por causa del cual sufría el desprecio de Penina cada día de su vida. Ana concibe y da a luz a Samuel.

Si Ana no habría tenido a Penina, quien sabe si habría llegado a orar con semejante desesperación. Ana dijo: "Señor, me tienes que dar ese hijo, al menos para callar las burlas de Penina". Ella no aceptaría un no por respuesta. Por eso pudo dar a luz a Samuel quien fue el profeta que trajo el avivamiento a la nación.
Necesitamos, aunque no nos guste, que Dios nos impida de algo por algun tiempo para que concibamos a Samuel. El Señor usa y permite que entremos en crisis para que concibamos y demos a luz sus propósitos. Penina hace falta en los planes de Dios, (aunque ella no lo sabe ni lo quiere así).

El Señor te impide por un tiempo dar a luz. Permite por otro tanto que Penina te acose. Es parte de su plan. Es uno de los métodos que usa para hacer realidad sus planes de avivamiento.

Cuando te sientas harto de tocar sin que te use, cuando te veas predicando solamente porque sabes hacerlo, cuando digas ¡basta! a una vida espiritual que no va ni para atrás ni para adelante, ahí entonces vas a clamar por Samuel y lo vas a hacer con todas tus fuerzas, y no vas a aceptar una negativa por respuesta.

Tu prueba no toma al Señor por sorpresa, el ya lo sabía y estaba preparado. Por eso incluyó en su plan la adversidad que el diablo te levantaría para que la victoria sea mas grande. Los hombres que rechazaron y negaron a Jesús, sirvieron para que en la cruz sea proclamado el grito de victoria mas grande de la historia. Ellos no lo supieron así, pero como en José, "Dios lo encaminó a bien". Los vasos de deshonra también contribuyen al plan de Dios si lo vemos desde Su óptica. Ellos darán cuenta de sus malas acciones, pero igualmente, sin quererlo ni saberlo, en su afán de derribarte están contribuyendo para que la imagen de Cristo se forme en tu vida. Están trabajando para que tu huella en este mundo quede profundamente marcada, como la de alguien que hizo historia.

Dios te bendiga
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Iván D. Amadé
Jueves 26 de Septiembre de 2002 - 8:57:36 AM

miércoles, 11 de septiembre de 2002

A la puerta

Apocalipsis 3: 20 es un pasaje que seguramente nos ha hablado en los días previos a nuestra conversión, como la voz del Señor llamando para entrar a nuestras vidas. Es válido ese uso y de hecho, a mí me ha tocado de esa manera.
Pero mas adelante, leyendo el pasaje en su contexto encuentro al Señor llamando. Lo curioso y paradójico es que ahora llama ¡a un grupo de cristianos!. Aunque este análisis suene cuadrado, lo necesito hacer igual: si está a la puerta y llama, es porque no está adentro ¿y por qué no está adentro? ¿por qué tiene que llamar para que le abran?. Eso consiguió la tibieza y autosuficiencia de Laodicea. Aquí aprendemos que quien cree haberlo alcanzado todo, quien cree haberse enriquecido y de ninguna cosa tener necesidad, ha dejado fuera al Señor y esos golpes que oye a la puerta, son de El.
Así lo entendí hasta que en el llamado hecho por Moisés luego del incidente con el becerro de oro, hallo una terrible similitud con Ap. 3.20 y si esto es así, la situación es más crítica de lo que yo creía.
Cuando Moisés baja del monte trayendo las tablas de la ley, encuentra el peor cuadro en la historia del desierto: el pueblo en orgías, borracheras y cosas similares a estas alrededor de un ídolo de fundición inspirado por los demonios. No hay duda que estando en comunión con el Señor, vemos el pecado en toda su crudeza, como algo más que una "desviación". Imaginemos a Moisés, luego de ver al Señor revelado en su pureza y santidad encontrar al pueblo así. Seguramente pudo sentir lo mismo que el Señor sintió en ese momento.
¿Qué hizo Moisés? Primero gritó y lloró en alta voz, rompió las tablas de la ley para demostrar al pueblo lo que ellos habían hecho al pacto de Dios. Pero prestemos atención en lo que hizo después: se quedó "a la puerta" del campamento y desde allí hizo un llamado a los que querían mantenerse fieles a Dios.
Esto me hizo ver que el pecado de tibieza y autosuficiencia del pueblo de Dios , es mas trágico de lo que pensamos, es mas que una "desviación" o un "pequeño decaimiento". Gran parte del Israel de hoy dice "me he enriquecido y de ninguna cosa tengo necesidad", cree haber alcanzado todo y otros están proclamando "fiesta para Jehová" alrededor de un becerro pero el Señor está "a la puerta". Moisés, el mediador del antiguo pacto no quiso entrar al campamento (¡lo mismo el tabernáculo, que fue levantado fuera!) y desde allí llamó.
Ahora volvamos a Ap. 3:20. Jesús, el mediador del nuevo pacto, también está "a la puerta" y llama. ¿Tampoco quiere entrar a nuestro campamento? ¿No le gustan nuestros espectaculos y luces? ¿Las grandes multitudes nunca antes reunidas? ¿El no cree que estamos por alcanzar la cima? ¿No estábamos por ganar el mundo "para Cristo"? ¿No habíamos aprendido a reclamarle a Dios todos nuestros derechos y encontrado la "formula" de la fe?. Si esto no es así entonces, ¿Compara el Señor, la tibieza y la autosuficiencia de hoy con la danza alrededor del becerro? A la luz de estos dos pasajes y de su llamado "a la puerta" parece que sí.
El pueblo de Israel en ese pasaje proclamó "fiesta para Jehová", así le llamaron a su orgía. Por lo que se ve, no creían estar lejos de Dios, es más, creían estar sirviéndole y adorándole.
Era de oro, tenía pomposidad y no se sentían pobres.
Estaba todo el pueblo, creerían estar viviendo un avivamiento espiritual.
Pero la realidad los golpeó y los sorprendió con la llegada de Moisés. Las cosas fueron llamadas por su nombre y el mediador del antiguo pacto se puso a la puerta llamando a la verdadera consagración.
Este es el llamado. Se que nos desilusiona un poco.
Los del pueblo que oyeron la voz de Moisés, salieron fuera del campamento y se consagraron en la terrible prueba que le tocó pasar. Notemos que tuvieron una segunda oportunidad. Algunos la aprovecharon, otros no. No dejemos pasarla nosotros. Volvámomos a El, si está "a la puerta", hagamos algo adentro para que pueda entrar o salgamos fuera del campamento. Obedecer el llamado presente puede implicar que rompamos con muchas cosas, que salgamos de ciertos círculos donde no reina Cristo y se llama "fiesta para Jehová" a lo que no lo es. La consagración a él no puede significar menos.